Cómo ahorrar en agua y energía gracias a las duchas termostáticas

Cuando abrimos el grifo del agua caliente, lo más normal, es que dejemos correr el agua unos minutos hasta que alcance la temperatura deseada. Esta operación tan común llega a que se escape muchos litros de agua y buena parte de energía que se utiliza para calentar el agua. El tiempo que transcurre hasta que llegue el agua caliente depende de diferentes factores objetivos como la presión, distancia del calentador al baño y en algunos casos de la mayor o menor facilidad de los grifos en mezclar de forma adecuada el flujo de agua fría y agua caliente.

Todos estos problemas, junto con ahorro, se resuelven con la duchas termostáticas, que es donde se suelen instalar estos sistemas aunque también disponibles para cualquier tipo de grifo. El sistema se basa en dos mandos, uno para graduar el caudal del agua y otro, para graduar la temperatura, este último es la base del ahorro, ya que mantiene fija la temperatura del agua de manera automática.

Cómo funcionan

Los grifos termostáticos dejan pasar la cantidad de agua fría necesaria para mantener la temperatura adecuada y de forma constante hasta que decidamos cambiarla. Si el flujo de agua cambiara por algún motivo (por ejemplo, que caiga la presión por usarse otro grifo en el hogar) el mecanismo se autorregula detectando este cambio y limitando o dejando pasar, según el caso, más agua fría.

El ahorro se produce precisamente por mantener siempre la temperatura óptima, de principio a fin, sin tener que hacer mezcla manual de agua fría y caliente hasta conseguirlo. Con ello ahorramos no sólo agua, también energía. Una ducha con grifería termostática nos permitirá así un ahorro de alrededor de hasta el 50% del consumo. Este ahorro se distribuye en una ahorro de agua alrededor de un tercio y otro 12%-18% en energía.

A esto se añade que la mayoría de los dispositivos añaden mecanismos de control de caudal, que limita la cantidad máxima de agua a utilizar y otros mecanismos de seguridad, como los que limitan que de forma accidental escojamos una temperatura más alta de lo normal.

El precio de estos sistemas no es elevado, ronda los 200 euros, a los que hay que unir una instalación que también es sencilla y barata y con los que conseguir claras mejoras en seguridad, control y ahorro.

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