¿Cómo se puede saber realmente si un móvil es potente?

En la pantalla del móvil vemos todo tipo de contenidos e información, pero que esto no te engañe porque lo único que hay dentro de él son ‘unos y ceros’. Esta es la única información que procesa el móvil, y en base a esto es como podemos entender realmente cómo funciona y de qué depende la ‘potencia’ que nos ofrecen sus componentes. Y más concretamente, nos centraremos en el procesador, que es el ‘núcleo’ de este sistema informático.

La ‘potencia’ del móvil depende, principalmente, del procesador

Por potencia nos vamos a referir a la capacidad del equipo para ejecutar cualquier tarea -o proceso- con mayor o menor velocidad. Luego, al fin y al cabo, nos limitamos prácticamente al concepto de ‘velocidad’, aunque también se podría considerar la ‘fluidez’ con que se ejecuta el software y demás. En cualquier caso, arrancamos partiendo de esta base para conocer, a fondo, cómo es el procesador de un móvil.

El ‘chipset’ es a un móvil lo que la ‘placa base’ a un ordenador

En un móvil, el equivalente a la ‘placa base’ del ordenador sería el ‘chipset’, y los principales fabricantes actualmente son MediaTek, Qualcomm, NVIDIA, Samsung y algunos otros. Estos chipset son los que incluyen el procesador y la GPU -procesador de gráficos-, además de las ‘conexiones’ para los módulos de conectividad, cámara, memoria RAM, pantalla y demás componentes de su interior.

El procesador de un teléfono inteligente, las bases fundamentales

Entre las especificaciones técnicas de un procesador móvil -microprocesador, más bien-, nos encontramos con varios datos como son los siguientes: velocidad de reloj máxima, arquitectura, proceso de fabricación, memoria caché…

Velocidad de reloj máxima

La velocidad de reloj, o frecuencia de reloj, mide el ritmo de conmutaciones eléctricas de los transistores. Es decir, que este valor especifica con qué frecuencia los transistores abren y cierran el flujo de corriente eléctrica. Así, si revisamos los datos del procesador de un móvil podremos conocer los ciclos por segundo, y en el caso de un valor de 1,5 GHz, por ejemplo, hablaríamos de que sus transistores son capaces de conmutar el flujo de corriente 1,5×109 veces por segundo.

Arquitectura

La arquitectura del procesador es la que determina la longitud máxima de las cadenas de información que el mismo es capaz de interpretar. Por lo tanto, es un factor determinante a la hora de conocer la potencia de un smartphone, dado que para una misma instrucción, un procesador de 64 bits una única operación lógica, mientras que la misma instrucción en un procesador de 32 bits demandaría tres operaciones lógicas.

Cadena de información de 64 bits:

0010101010110101101101011010110110100110111011100011101011101101

Cadena de información de 32 bits:

00-001010101011010110110101101011

01-011010011011101110001110101110

10-1101

Proceso de fabricación

Medido en nanómetros, este valor determina las dimensiones de un procesador y, por lo tanto, la densidad de transistores en su superficie. Precisamente por ello, cuanto más pequeño, mejores valores se consiguen gracias a que se reduce el tiempo para un ciclo completo de conmutación. Los procesadores con mayor densidad de transistores garantizan una eficiencia energética muy superior, lo que significa más rendimiento, menor consumo de energía y menor temperatura de funcionamiento.

Memoria caché

Compuesta de varios niveles, es un sistema de memorias auxiliares al microprocesador donde se almacenan pequeños ‘bloques’ de información a los que el procesador recurre con frecuencia. Los niveles de la misma determinan la distancia hasta el procesador, y según este rango se guardarán en ella los datos recurrentes más y menos utilizados.

Entonces, ¿cómo se sabe realmente la potencia de un móvil?

Todos estos factores anteriores nos devuelven la información técnica sobre un procesador, y en base a ellos podemos conocer cuál es la capacidad del mismo para gestionar todo tipo de instrucciones. Dejando a un lado el sistema operativo, los ‘fríos datos’ del procesador del terminal son más que suficientes, junto a la memoria RAM y sus especificaciones técnicas, para conocer cuál es su rendimiento máximo.

La cuestión es que el software es capaz de mermar o ‘explotar’ este rendimiento máximo en función de su optimización. Por ejemplo, una aplicación diseñada para 32 bits no va a sacar partido de un procesador de 64 bits, aunque perfectamente se pueda ejecutar con él. No obstante, tampoco vamos a conocer realmente cómo de potente es un procesador sólo revisando su frecuencia de reloj. Es el conjunto, realmente, el que determina la potencia y, sobre todo, el rendimiento final.

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