‘Blattnítez’: la historia en común de Blatt y Benítez

Rafa Benítez llegó a contrapelo. David Blatt, también. Al poco de iniciarse 2016, los dos pasan los lunes al sol. A pesar de la distancia y de habitar en mundos diferentes, su historia está repleta de puntos comunes. Uno y otro presentaron currículos que, aunque brillantes, no valían para nada en sus lugares de destino. Al mismo tiempo fueron penalizados por su origen. Mientras Benítez caminó con el lastre de ser español (y madridista), Blatt nunca superó el estigma de parecer europeo. Ninguno fue capaz de sobreponerse al vestuario y ambos fueron despedidos por millonarios de diversa índole (constructor y prestamista), ambos dicharacheros. Por menos coincidencias se montan clubes de segundas esposas.

Benítez estuvo condenado desde su llegada al Madrid, incluso antes; los jugadores querían a Ancelotti. La sentencia de Blatt se hizo efectiva cuando, cincuenta días después de su presentación, LeBron anunció que volvía a Cleveland. Cómo explicarle que su nuevo entrenador había ganado la Euroliga con el Maccabi (“¿campeón de qué?”, “¿campeón con quién?”), cómo someterle a la disciplina de un técnico con más experiencia en Rusia que en Estados Unidos.

La culpa es del sistema, o del dinero, que viene a ser lo mismo. El deporte profesional ha incluido un nuevo puesto en la jerarquía de sus empresas: el de los jefes que ganan y mandan menos que los trabajadores a su cargo. Sin autoridad, el técnico es el hombre que susurra al oído de los caballos, alguien que pasa por allí aunque pase todos los días.

También hay similitudes en la sucesión. Zidane está respaldado por su leyenda como futbolista y Tyronn Lue, campeón con los Lakers, añade al anillo otro mérito incomparable: compartir amistad y representante con LeBron.

Es posible que Blatt y Benítez jamás se crucen. Da igual. Sin verse ya han coincidido en un punto, un destino y una expresión: ‘Blattnítez’. Dícese de la persona que llega al paraíso cuando aún no han abierto.

 

 

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