“De nada sirve disfrazar al cliente si no se siente cómodo”

En Londres, en apenas 300 metros, se concentra todo el esplendor de la moda británica. Es Savile Row Street, en el barrio de Mayfair. La cuna del bespoke, del traje hecho a medida y del inconfundible estilo británico. A 1.200 kilómetros, en la calle Villanueva de Madrid, se sitúa una tienda y sastrería que toma esa elegancia y tradición inglesas para llevarlas al nuevo cliente del siglo XXI. Ese que busca en su vestir un punto de diferenciación y vanguardia.

Malala Vega (Buenos Aires, Argentina, 1961) es la fundadora y propietaria de Anglomanía, tienda y sastrería centrada, sobre todo, en la moda de caballeros y que bebe de esa influencia de las islas pero, como ella relata, adaptada:“Tomar el estilo británico puro y duro me parecía complicado. Tenemos un look británico con un hacer italiano y unos patrones españoles”. En 2016 cumple su 14o año desde su apertura en Madrid, originariamente en la calle Serrano, para después trasladarse a su ubicación actual, donde la colección se sitúa en el piso superior, y la parte pura de sastrería, en la inferior.Allí, Vega tiene su espacio de trabajo cuando no está de viaje, algo básico para captar las tendencias y la inspiración, aunque esta le puede llegar visitando el salón internacional de moda Pitti, en Florencia, o del color de una chimenea de un hotel. “Me apasiona lo que hago. La última reunión la terminamos a las 12 de la noche viendo una colección, y eso no me supone un esfuerzo. Viajo mucho a EEUU, a Italia, y eso me da la posibilidad de elegir entre lo que me gusta y lo que no”.

Anglomanía hunde sus raíces en la Buenos Aires natal de su fundadora. Allí, primero su abuelo, de Bilbao, abrió una sastrería. “Me enseñó lo que es el oficio, el hacer todo a mano”. Después, durante 20 años, regentó junto a su madre la sastrería Made in England. “Solo vendíamos ropa británica. Viajábamos hasta cuatro veces al año a Inglaterra y Escocia. A mí me encanta todo el tema de las fábricas, de cómo se hacen las cosas, y me instalaba casi una semana en alguna de ellas: en Burberry, en Aquascutum… La cocina de la moda es la fábrica, y aquella era una escuela espectacular”.

Esa atracción por el estilo británico se explica en que “son muy seguidores de las costumbres, del buen hacer. Conservan aquellas tradiciones que merecen la pena y, al mismo tiempo, lideran la vanguardia. Me parecía muy interesante para aplicarlo en Argentina”. Las trabas a las importaciones limitaron las posibilidades del negocio original, “así que todo se empezó a complicar. Nos ofreció abrir una tienda en México, pero entonces pensamos por qué no hacerlo en España. Yo vengo de abuelos españoles, y al final, tengo más familia aquí que en Argentina”.

Así se instaló en Madrid y nació Anglomanía, que en sus inicios, como reconoce Vega, tenía un estilo más clásico que el actual. “Pero cuando sacábamos algo más vanguardista, en seguida se agotaba. Eso me permitió dar rienda suelta a estilos diferentes, patrones distintos, y ahí es donde me encuentro más cómoda, porque yo no soy nada clásica”. La parte que más le gusta de su trabajo es el diseño de todas las colecciones, y su límite, dice, está en la imaginación. No comparte la opinión de que el estilo español sea el de no correr riesgos, y explica que su perfil de cliente “entiende muchísimo, sabe de tejidos, de hechuras. Buscan algo bastante especial”. Su máxima es saber constantemente su opinión:“Es muy importante respetar su estilo. Siempre le pregunto lo que tiene en la cabeza. De nada sirve disfrazarle de algo con lo que no se siente cómodo. Tengo que ayudarle a encontrar su propio estilo”.

Ahora, además, tiene doble responsabilidad. En diciembre abrió una nueva tienda en Valencia, de donde procedían muchos de sus clientes. “Tenemos ideas de expansión, pero sin prisa”. Sin riesgos, como mandan los cánones de la cultura británica.

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